
El gobierno de Fujimori encaró la hiperinflación generada por el gobierno aprista aplicando las más drásticas medidas, que la población bautizó como «fujishock»: se eliminaron los subsidios, los controles de precios y los varios tipos de cambio. Ello provocó severas alzas de precios; sin embargo, se logró bajar la inflación: en 1991, se redujo a 139,2% anual y en 1994 a 15,4%.
Entre otras medidas económicas también prioritarias se restringió la emisión de billetes y se equilibró el presupuesto. Una medida necesaria fue la estabilización monetaria, para lo que se estableció el «nuevo sol» en reemplazo del depreciado inti (un nuevo sol equivalía a un millón de intis). Por otro lado, se renegoció el pago de la deuda externa peruana y se recuperó la confianza de las instituciones financieras internacionales. Asimismo, desde 1991 se inició una política de privatizaciones con miras a reorganizar la ineficiente burocracia estatal.
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